Te levantas cada mañana con ojos de curiosidad sobre cómo se ha de presentar el día. Miras a través de la rendija que deja la cortina de tu habitación y sopesas cómo cambiará el día con el devenir de las horas. Situaciones que cambian tu cara y terminan dibujando una sonrisa sincera traida por el entusiasmo con que a alguien ves vivir la vida. No importa los dónde, cómo o quién que te hacen habilitar esos 42 músculos que ponen en funcionamiento tu sonrisa, lo cierto es que el mecanismo engrasado funciona a pleno rendimiento y todo por mostrar en alza las comisuras de los labios.

No había mucho por lo que mereciese la pena ir dejando rastro, salvo ir anotando referencias musicales mientras se le dan a las teclas y se pasan cheques ávidamente antes de que la navidad y sus días festivos nos castiguen con mucho trabajo en pocos días. El tiempo, sin embargo, tremendo e implacable, permitió que llegara, yo mismo, a la hora de la comida con unas ganas locas de poner palabra sobre palabra un poco más de mi, darle rienda suelta a los oídos para que disfrutaran de la conversación de mis dos compañeros de mantel. Oir y hablar a partes iguales entre tres exige un esfuerzo de rápido dinamismo si, una vez más, el reloj te va marcando el paso. Y aunque lo marque, no das importancia a lo que te caerá, vuelas, sonríes.

La [casi] tarde dió llegada a la gran sonrisa, la sonrisa sincera. Voy en el tren mirando por la ventana, observando como los cervatillos invaden las parcelas de ganado bravo en los Montes de Toledo en el momento en que el sol va cediendo al ocaso. 5:58 p.m. Suena un tono de fondo en un teléfono móvil, la sintonía de cabecera del programa ‘los toros’ que dirige Manolo Molés en la Cadena Ser que tantas veces he escuchado y que hace tanto tiempo que no oía: “en el ruedo de la ser lo que usted quiera saber sobre el mundo de los toros….“. Un hombre responde serio y la siguientes palabras, a las que acompaña subiendo el volumen de voz, son ‘hola mi niña’, canta con ella el cumpleaños feliz. Cumpleaños de él que algunos festejamos con una sonrisa, una sonrisa sincera por alguien feliz, alguien a quien no conocemos, salvo de vista de cada día en la rutina del tren, de la vuelta a casa, de la vuelta al contacto con los seres queridos. Incluso algunos le felicitamos cuando cuelga, le felicitamos por hacernos mover esos 42 músculos.

La [casi] noche, me regala, además del siempre regalo beso de mi amor, un entrenamiento con frío de perros, muy oscura pero de frontal encendido y chaleco reflectante al encuentro del Guadiana, donde doy la vuelta y regreso. Regreso a casa para darle a Ana otra sonrisa, la sonrisa del día [tambien casi] perfecto.

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7 comentarios sobre “

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  1. Vaya moñas sois los tres, jajaja, es que no habéis caido que al final no hice las putas series 😦 que son las que realmente le dan a uno su nivel.

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