Fabulous trip

El nipón que nos encontramos en el metro resulta que también es nuestro compañero de compartimento, edades en las que todavía se puede hacer uso del interrail, maldita sea. Ni le huelen los pies al tío ni deja de hacer sus estiramientos por la mañana, y yo, joder, casi no entro en el hueco que me deja la RENFE para la litera.
Además de esos niños que se suben en Ávila y no hacen nada de ruido, y del francés que se niega a dejar abierta la puerta aunque haya gente de su compartimento fuera, el viaje no resulta nada emocianante, de facto caigo como un saco de patatas y desconecto mi cerebro antes de lo que creía, relajado con las noticias del revisor que dice que nos avisa con media hora antes de llegar a Irún, y tal…….

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